“La medalla que viene con su cara”. “A este hay que hacerle una estatua”. Dos entrecomillados para resumir el sentir de Pirineos Fit por uno de los suyos. Antonio Suárez cerró su participación en el maratón con una segunda plaza absoluta y con su tobillo izquierdo vendado desde el primer día de carrera, el pasado lunes en Panticosa. Llegó para revalidar el triunfo del pasado año. Ha tenido a sus padres pendientes de cada una de sus zancadas, nerviosos, y su madre, con la entrada de su hijo hoy en la meta de Jaca no escondió sus lágrimas. Tampoco tenía que hacerlo. Eran lágrimas de orgullo. Hasta el ‘speaker’ pidió la complicidad del público para una segunda ovación de agradecimiento por el esfuerzo de Antonio.

Como buen montañés (Los Corrales de Buelna, Cantabria, 1973), Antonio empleó los primeros minutos para digerir los halagos, para abrazarse con los suyos, para recoger el agradecimiento de compañeros y de responsables de Pirineos Fit. Le costó aguantar la emoción. Pero ya se sabe, estos cántabros del interior son de una pasta especial. “Estoy emocionado por completar Pirineos Fit. Este tipo de carreras es de lo más grande que hay. Venía de la Quixote que desapareció y esto es especial”, dijo. El esguince en el tobillo le privó de competir con Carlos Sá, absoluto dominador del Pirineos Fit. “La lesión fue un golpe duro, mentalmente me destrozó y el segundo y tercer día los pasé muy mal”, acotó el cántabro que tras el triunfo en la primera edición del Pirineos Fit llegó a la segunda con la intención de “disfrutar”, subrayó.

El abrazo con su hermano Isaac fue de los que encoge el corazón. Y para acercarse algo a cómo es Antonio, la lluvia de alabanzas hacia su hermano. Es cierto que no es para menos. Tres veces campeón de España en ciclocros y 14 veces mundialista, hace cuatro meses entró en el mundo del trailrunning, apunta maneras y Antonio avisa “en muy poco me va a lleva arrastras”. Es la única licencia que se permite en el entrecomillado que dicta con una leve sonrisa cómplice para quien le escucha.

Y es que la última jornada del Pirineos Fit ha estado protagonizada por esa sensación que uno tiene cuando termina algo que le gusta y que no va a llegar hasta el siguiente año… o hasta la siguiente carrera. Endorfinas a tope. Corredoras que esperan en meta a su marido para fundirse en un beso de película y viceversa. Kilómetros y desniveles en las piernas por un trazado que después de cinco días era hasta agradable. Y eso que cayó agua, hizo fresco, apareció el sol para subir el termómetro, llegó el aire y también la calma. Todo para vivir una mañana intensa que arrancó a las 8.00 al pie de una de las catedrales del románico, la de Jaca, sencillamente, espectacular.

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El ganador absoluto del maratón, Carlos Sá, siguió fiel a su costumbre tras entrar en meta: pulgares arriba, saludos al director de la prueba, hidratación, algo de comida y descanso sin las zapas y sin la camiseta. Ha sido la única etapa en la que ha viajado con compañía. Pasó bajo el arco con el guipuzcoano Iván Aguirrezabalaga, que ha disputado de Pirineos Fit tan solo la etapa Jaca-Jaca. El de Berastegi, exjugador de equipos de fútbol de la tercera guipuzcoana, lleva tres años en el trailrunning. “El monte siempre me ha gustado”, defendió en meta para quien fuera defensa central y medio centro que vive feliz cuando se calza las zapas y le apasiona correr ultras.

Adis Vozmediano fue otro de los que se fundió en un abrazo eterno con su pareja. Natural de Tremp (Lérida) acabar ya lo consideraba como un éxito porque creía que no lo iba a hacer y por eso entrar en meta le supo a gloria. Lo celebró con su chica, Miriam. “No conocía el territorio y me ha parecido espectacular”, señaló este ilerdense que llegó a Pirineos Fit con el objetivo de “disfrutar” de esta carrera por etapas.

Por lo que respecta a los ‘pro’ siguieron a lo suyo. Carlos Sá con una marcha más agradeció que el recorrido de hoy no fuera tan exigente como en los días anteriores, Raúl Criado volvió a hacer un carrerón para quitarse el sombrero y esperó a Markus Living –ganador del medio maratón Endurance- en el parador de la Peña Oroel para seguir juntos y Toni Coll siguió feliz y eso que hace poco firmo un gran puesto en la Travesera de Picos de Europa.

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Lorena González siguió fiel a su costumbre de entrar en meta con su hijo Eneko y de acordarse de su pequeña y de su marido. Estaba feliz. Sus lágrimas eran ejemplo de esa catarata de emociones que invaden a un corredor cuando termina una prueba que encadena carreras exigentes. “Llevo cinco días con los dedos de los pies mal, pero hoy me he encontrado y he tirado fuerte”, relató la runner que, también tuvo palabras de agradecimiento para su entrenador, Octavio Pérez.

Esta noche se abrochará Pirineos Fit con una gala que va a tener como protagonistas a los corredores. Y luego, a descansar, que ya toca.

 

CLASIFICACIONES

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